Ayer estuve hablando con un amigo que es como un hermano para mi, y que en estos momentos de su vida no la esta pasando del todo bien. Y nos pusimos a pensar de que modo uno puede llegar a superar situaciones dificiles sin morir en el intento. Y se nos ocurrio una linda analogia.
El oceano. Inmenso. Plagado de criaturas en sus profundidades. Imposible de conocer en su totalidad. Sin embargo, uno puede nadar en su superficie. Incluso se puede sumergir hasta una determinada profundidad. Y ahi se encuentra uno. Nadando. En el medio del infinito mar. ¿Porque estoy ahi? No lo sé. Lo que sé es que no quiero ahogarme. Pero entonces, ¿que puedo hacer? Puedo nadar. Llegar a alguna orilla. Entonces nado, y mientras tanto puedo disfrutar de las olas que me acompañan. A veces vienen olas grandes, y se me dificulta el avance. A veces tengo que mirar atras para ver si no divise una costa por distraccion. Sin embargo, disfruto de este nado. Aunque tambien podria detestarlo, por el simple hecho de que no encuentro una orilla en donde tomarme un descanso. Pero no seria algo que me ayudara a llegar a alguna costa, sino mas bien lograria que en mi trayecto solo haya pena y enojo. Por lo tanto, lo disfruto. Cada tanto, me encuentro con un delfin, que imprime un poco de velocidad a mi nado y me acorta el trayecto. Cada tanto, me encuentro con un tiburon que hace que tenga miedo y deje de nadar por un rato. Pero de todas formas, sigo avanzando. Hasta que llego a la orilla y descanso unos momentos. Felicidad. Pero quiero conocer otras orillas. Asi que nuevamente, salgo a nadar. En uno de mis trayectos, me encuentro con una compañera que elige nadar conmigo y llegar a distintas costas a mi lado. Ahora si que no tengo miedo de seguir nadando. Orilla tras Orilla. Ola tras Ola. Dia tras Dia.
miércoles, 26 de marzo de 2008
Suscribirse a:
Entradas (Atom)